OpenAI anunció el 5 de octubre que pondrá una marca de agua invisible en los textos que genera ChatGPT, con el mismo tratamiento para Codex. La marca, llamada textGrain, se desarrolló con investigadores de las universidades de Pensilvania y Yale, y funciona alterando sutilmente qué palabras elige el modelo: no se ve al leer, pero un detector puede identificarla.

El motivo es la normativa europea de IA, cuyas reglas de transparencia obligan desde el 2 de agosto a marcar el contenido generado por IA de forma detectable por máquina. La marca se queda dentro del propio texto, así que sobrevive a copiar y pegar entre documentos.

El despliegue llega primero a usuarios de ChatGPT y Codex en la Unión Europea, en todos los planes, durante las próximas semanas y de forma automática. Fuera de la UE, los desarrolladores que usan la API pueden activarla ya para algunos modelos, pero viene desactivada por defecto.

El propio informe técnico de OpenAI admite límites claros: editar un 10% de las palabras con sinónimos basta para que la detección caiga del 92% al 66%. Los textos cortos, las respuestas numéricas y el contenido traducido también son más difíciles de identificar.

Además, el acceso al detector queda restringido a investigadores y organizaciones autorizadas: ni tu empresa ni tus clientes podrán comprobar directamente si un texto lleva la marca. Y que un texto no la lleve tampoco demuestra que lo haya escrito una persona.

Para Marta, el patrón que hay que vigilar no es la marca en sí, sino lo que implica: si tu equipo usa ChatGPT para redactar contenido de cara a cliente en Europa, ese contenido queda etiquetado como generado por IA ante quien tenga acceso al detector, aunque tú no lo sepas. Conviene revisar ahora qué política tiene tu empresa sobre declarar o no el uso de IA en comunicaciones externas, antes de que lo decida la normativa por defecto.