McKinsey calcula que, solo en EEUU, la IA reparte el empleo de forma muy desigual: reasignará el equivalente a 36 millones de empleos de aquí a 2035. La cifra suena a destrucción masiva, pero el propio estudio matiza: 25 millones se resuelven con cambio de tareas dentro de la misma profesión, y 11 millones sí tendrán que cambiar de oficio. La conclusión de McKinsey es directa: "el desafío de la próxima década es la movilidad, no la escasez".

El reparto, eso sí, es muy desigual. Solo 1 de cada 7 empleados afectados tiene una vía directa a un puesto nuevo. El 45% se enfrenta a una vía sin pavimentar, con brechas de formación grandes y riesgo de bajar de salario. Más del 75% de quienes deben cambiar de oficio trabajan hoy en administración, comercio o transporte, los sectores peor pagados.

Para una empresa mediana, el dato más incómodo no es macro: es que, en desarrollo de software, el 71% del repunte de demanda se concentra en perfiles sénior. Los junior pierden precisamente las tareas rutinarias con las que antes aprendían el oficio. Si tu empresa deja que la IA absorba esas tareas sin rediseñar cómo se forma a alguien nuevo, en unos años no tendrás de dónde sacar al siguiente sénior.

Esto no es un problema solo de RRHH. Carla y Marta son quienes deciden qué tareas se automatizan primero, y esa decisión define qué perfiles se quedan sin ruta de aprendizaje dentro de la empresa. El estudio no analiza el caso de la empresa mediana en concreto, pero el mecanismo (automatizar la tarea básica sin sustituir la vía de aprendizaje) es el mismo a cualquier escala.

Qué vigilar ahora: antes de automatizar una tarea que hoy hace un junior, pregunta qué va a aprender esa persona en su lugar. Si la respuesta es "nada todavía", ese es el hueco que hay que cerrar antes de escalar la automatización, no después.