Google ha empezado a desplegar, desde el 10 de septiembre, la aplicación de escritorio de Gemini para Windows 10 y 11, tras el lanzamiento en Mac de abril. La diferencia frente a usarlo en el navegador es el acceso: un atajo de teclado, Alt más espacio, abre el asistente encima de cualquier programa que tengas abierto, sin cambiar de pestaña ni de aplicación.
Para un equipo que trabaja saltando entre correo, hoja de cálculo y documento, ese detalle importa más de lo que parece: cada cambio de aplicación es un corte de atención. Tener el asistente a un atajo de distancia, con acceso a Gmail, Drive y Calendar, reduce ese coste de cambio de contexto en consultas rápidas: resumir un correo, redactar una respuesta, revisar la agenda del día.
La aplicación suma también generación de imágenes y vídeo con los modelos de Google, y un panel lateral con historial y notebooks para retomar una conversación anterior sin buscarla. Google no ha detallado en el anuncio qué nivel de suscripción hace falta para cada función, ni cómo gestiona un administrador de empresa lo que Gemini puede leer de Drive o Gmail de cada empleado.
Esa falta de detalle sobre permisos es justo lo que Marta debería revisar antes de generalizar el uso: activar el acceso a Gmail y Drive por defecto en todo el equipo sin revisar qué carpetas ve cada perfil es un riesgo de gobernanza de datos, no solo de productividad.
Qué hacer ahora: instala la aplicación en un grupo piloto pequeño, revisa qué conexiones activa por defecto y decide como empresa qué carpetas de Drive quedan fuera del alcance del asistente antes de extenderlo a todo el equipo.