Meta presentó el 8 de septiembre Muse, su primer agente de IA personal: actúa de forma autónoma para enviar correos, reservar viajes, gestionar compras o renegociar facturas, y sigue trabajando aunque cierres la aplicación. Está disponible en iOS, Android y muse.ai, con un nivel gratuito y dos planes de pago, de 20 y 100 dólares al mes.
El dato que importa no es lo que hace, es a qué se conecta. Muse pide acceso, app por app y siempre con consentimiento explícito, a correo, calendario, pagos, salud, hogar inteligente, restaurantes y compras. El usuario elige qué conecta y puede revocarlo cuando quiera, según Meta.
Para Marta, el riesgo no es Muse en sí: es que un empleado conecte su cuenta de correo corporativo a un agente personal sin que IT lo sepa. A diferencia de una fuga por malware, aquí el acceso se concede voluntariamente, dentro de una app de consumo, fuera de cualquier política de la empresa.
Cada agente de Muse corre en su propia máquina virtual en la nube, lo que le permite seguir actuando en segundo plano. Meta promete una versión 'Confidential VM' más adelante en 2026, cifrada de forma que ni la propia empresa pueda leer el contenido. Hasta que llegue, los datos que pasan por Muse quedan fuera del control de la empresa que emplea a quien lo usa.
El caso concreto: revisar si la política de uso de IA de la empresa menciona explícitamente asistentes personales de consumo, no solo herramientas corporativas aprobadas. La mayoría de políticas actuales solo cubren ChatGPT o Copilot en su versión de empresa, y dejan fuera aplicaciones como Muse conectadas por decisión individual.
Esta semana: añade una línea explícita sobre asistentes de IA personales a la política de uso de IA de la empresa, y pide a IT que identifique si algún dominio corporativo ya está conectado a Muse u otro agente similar.