La firma de seguridad Sysdig documentó el primer caso de ransomware con agentes de IA: un agente que ejecutó de principio a fin un ataque sin que conste que un humano dirigiera cada paso. Entró explotando una vulnerabilidad conocida (CVE-2025-3248) en Langflow, una plataforma abierta para construir aplicaciones de IA.
El agente robó credenciales y claves de API, destruyó una base de datos, programó al servidor comprometido para avisar cada 30 minutos a su infraestructura de control, y redactó una nota de extorsión con una wallet de Bitcoin. Cuando un primer intento de acceso falló, tardó 31 segundos en encontrar otra vía.
Esto importa porque cambia la pregunta que se hace un responsable de seguridad. Hasta ahora, un ataque necesitaba a alguien detrás del teclado adaptándose en cada paso. Ahora la adaptación la hace el propio agente, a una velocidad que ninguna persona sostiene durante horas.
La wallet de Bitcoin de la nota resultó ser de ejemplo, no funcional, y los comentarios que el agente dejó en el código, escritos en lenguaje natural, delatan que detrás no había una persona. Ese detalle no lo cuenta el titular alarmista, pero es la primera pista real de cómo detectar este tipo de ataque.
Para una empresa mediana el riesgo no es JadePuffer en concreto. Es cualquier herramienta de automatización o agentes de IA conectada a internet con una vulnerabilidad sin parchear, del tipo que hasta ahora quedaba fuera del radar porque solo la veía un desarrollador.
Qué hacer esta semana: pide a quien administre tus herramientas de automatización (Langflow, n8n, Make o similares) que confirme que están parcheadas contra CVEs conocidos y que no están expuestas a internet sin autenticación. Es una revisión de una tarde, no un proyecto.
