Magnific, la empresa malagueña antes conocida como Freepik, ha abierto un ERE que afecta a alrededor del 30% de sus 350 empleados en España —unas cien personas—. La empresa tiene 196 millones de dólares en ingresos recurrentes anuales, más de un millón de suscriptores de pago y cien millones de visitantes mensuales. El ERE responde a causas organizativas, no económicas: parte de la plantilla actual no encaja en el nuevo modelo de negocio.

Magnific pivotó de banco de imágenes a plataforma de generación de contenido con IA generativa hace tres años. El resultado financiero es sólido. El resultado organizativo es que las funciones de diseño, edición y gestión de contenido que una vez justificaron esa plantilla se han automatizado. Las nuevas necesidades requieren perfiles distintos. La cuenta la paga quien tenía el perfil anterior.

El patrón es replicable en cualquier empresa de servicios digitales que automatice con éxito. Si automatizas un proceso este año, hay tres preguntas que hacer antes: qué rol lo ejecuta hoy, qué pasará con esa persona cuando el flujo esté automatizado, y con qué plan y plazo. Sin esas respuestas, la automatización exitosa crea conflictos organizativos que frenan el propio proyecto.

El caso Magnific no es para no automatizar. Es para no automatizar sin un plan de transición de talento. La diferencia entre los dos es lo que separa una transformación de un ERE.