El CEO de Atlassian, Mike Cannon-Brookes, reveló el 12 de mayo algo que pocas empresas de software admiten sobre sus propios despliegues: al adquirir Dia, un navegador impulsado por IA, solo cuatro de sus 13.000 empleados pudieron acceder a él en las primeras semanas. La razón fue la seguridad del sistema. Meses después, tras ajustes de infraestructura, todos tienen acceso. El problema no fue la herramienta: fue la preparación organizativa.

El dato más útil del relato no es el número cuatro. Es el rango de tiempo que describe para sus clientes: entre un día y seis meses para activar una plataforma de IA, dependiendo de su postura de seguridad y gobernanza preexistente. Ese rango de 1 a 180 días es la diferencia entre una empresa que digitalizó sus procesos con criterio y una que compró tecnología sin preparar la base.

Para Marta, el mensaje es directo. Antes de presentar cualquier proyecto de IA a dirección, hay una pregunta previa que determina los plazos reales: ¿en qué estado está nuestra postura de seguridad? La respuesta define si el despliegue dura una semana o requiere seis meses de trabajo previo que nadie presupuestó. No es un detalle técnico: es el elemento que convierte un buen proyecto en uno que tarda el doble y cuesta más.

Lo que el anuncio no menciona: Rovo, el producto de Atlassian para equipos, alcanzó 5 millones de usuarios activos mensuales en el segundo trimestre de su ejercicio fiscal 2026. Eso sugiere que las empresas que sí tenían la base preparada adoptaron la herramienta con rapidez. El problema no es la velocidad de la tecnología: es la velocidad de la organización para recibirla.

Antes de iniciar un proyecto de IA, audita tres puntos: qué datos maneja la herramienta y con qué permisos, cómo se integra con tu gestión de identidades, y qué controles de acceso necesitas para cumplir con tu política de seguridad interna. Hacerlo antes de comprar la licencia ahorra los meses que el CEO de Atlassian tardó en resolver para su propio equipo.